Diganme ¿ quién ?, pero ¿ quién de nosotras nunca se ha
preocupado por su peso ? O, diganme ¿ quién ?, pero ¿
quién de nosotras piensa en su salud cuando piensa en su peso
? Claro, podrán decirme que si, pero, un momento, seamos
sinceras, nuestros motivos son, primeramente, estéticos.
Nuestro peso nos hace bellas o nos hace feas. Y nuestro
peso, por muy nuestro que sea, no deja de ser una cuestión de
cultura. ¿ Quién para escapar a su cultura ? Esta es el
contexto dentro del cual le hemos asignado significados
morales y sociales a nuestro peso, haciendo de la delgadez un
símbolo de atracción sexual, control, éxito y competencia.
Y ese símbolo ejerce tan harto poder sobre nosotras que a
todo lo que no le pertenece le relegamos estatutos como la
pereza, la auto-complacencia y la falta de voluntad. Si,
aborrecemos el sobrepeso y rechazamos abiertamente la obesidad.
¿ No es ésa uno de nuestros pocos blancos de prejuicios
socialmente aceptables ?
Dentro de nuestra cultura, también comemos y nos activamos
y, para muchas de nosotras, ese lugar llamado cultura, es el
lugar donde nos vemos constantemente bombardeadas por una
exagerada cantidad de alimentos ( alimentos que seducen
nuestro paladar pero que suelen poseer un alto valor calórico
), facilitando así el aumento de peso y dificultando la
pérdida del mismo. Cuando digo, para muchas de nosotras,
reconozco que, por supuesto, nuestros roles sociales varían (
y con ello la exposición a esa exagerada cantidad de
alimentos ), y no solamente según nuestro estatus socio-económico,
sino, también, según nuestra etnia, nuestro estado civil,
nuestra posición a lo largo del ciclo de vida y nuestro lugar
de residencia.
Ahora, por muy paradójico que resulte, durante las
últimas décadas, nuestro peso promedio real ha estado
aumentando mientras que nuestro peso promedio ideal ha estado
disminuyendo. Los medios de comunicación nos dibujan un
cuerpo, pero el espejo nos devuelve otro. Esa discrepancia ha
dado lugar a sentimientos generalizados de insatisfacción
respecto a nuestro peso. Oscilamos entre dos realidades muy
distintas, la cultural y la biológica ( una dueña de nuestro
peso ideal, la otra, dueña de nuestro peso real ), sin saber
ni donde asentarnos.
Desde siempre, la sociedad ha hecho de la mujer un ser
incompleto, teniendo ésta que recurrir a todo tipo de
artificios para poder completarse. Si, siempre nos hemos
tenido que refinar por medio de esto y de lo otro. Claro, a
cada época, su artificio! Ahora, además de la ropa y de los
cosméticos, tendemos a gastar nuestro dinero en dietas y
ejercicios pues sólo así, tal vez, podemos conformarnos,
algún día, con nuestro ideal contemporáneo de belleza :
"ser delgada y estar en plena forma".
Nuestra búsqueda de la delgadez se ve motivada por dos
creencias fundamentales : creemos que nuestro cuerpo es
infinitamente moldeable y, por lo tanto, la dieta adecuada, el
ejercicio y el esfuerzo suficiente, nos permitirán alcanzar
nuestro ideal estético; y creemos, también, aunque no
queramos admitirlo, que una vez ese ideal alcanzado, seremos
infinitamente recompensadas pues seremos más atractivas, más
felices, más exitosas y más ricas.
Esas creencias, puramente culturales, son las que se están
entrechocando con ciertos aspectos de nuestros cuerpos, por
supuesto, puramente biológicos. Pero la pregunta crucial,
fruto de ese conflicto, es ¿ cuánto control podemos
realmente ejercer sobre nuestros cuerpos ? No cabe duda alguna
que el peso que perseguimos, el peso culturalmente ideal, es
demasiado bajo para la mayoría de nosotras debido a factores
biológicos y genéticos. Y, por lo tanto, resulta no
solamente difícil sino imposible luchar contra esos factores
biológicos y genéticos, los cuales, muchas ya nos hemos dado
cuenta, limitan significativamente nuestras habilidades para
cambiar de peso.
Muchas otras de nosotras, o no lo saben, o no se han dado
cuenta, o simplemente no quieren creerlo y ahí radica el
problema.
Cuando niñas no solemos preocuparnos por nuestro peso pero
el deseo de ser delgada se torna, rápidamente, para muchas,
en una preocupación, y, para muchas otras, en una obsesión.
Esa preocupación con la pérdida de peso la padecen de forma
general las mujeres entre los 15 y los 25 años de edad; esas
mujeres siendo las más afectadas por los trastornos
alimenticios. ¿ En qué consiste un trastorno alimenticio ?
Un trastorno alimenticio tiene que ver con ciertas
perturbaciones de la auto-imagen y con una gran variedad de
esfuerzos, todos excesivos, orientados hacia la pérdida de
peso o hacia el mantenimiento de un peso bajo.
¿ Porqué nosotras las mujeres ? Una de las respuestas a
esa pregunta gira, seguramente, en torno a ese asunto
incompleto llamado nuestro cuerpo. Si, nosotras las mujeres,
tendemos a percibir nuestros cuerpos como estéticos y
decorativos mientras que, ellos los hombres, perciben los
suyos como funcionales y activos. Si, tengámoslo claro, el
sólo pertenecer al género femenino constituye un factor de
riesgo ante los trastornos alimenticios y no exactamente
porque belleza y feminidad sean íntimamente entrelazados sino,
también, porque belleza y delgadez ahora lo son. Y cuanta
industria no se aprovecha de ello, capitalizando sobre nuestra
apariencia y contribuyendo, más y más, a inflar su
importancia.
Ya de por sí vulnerables a los trastornos alimenticios,
añadimos a nuestra vulnerabilidad, sucumbiendo a una gran
variedad de dietas, cada cual seduciéndonos por su supuesta
infalibilidad. Claro, nos toca reconocer que muchas de
nuestras dietas provienen de fuentes dudosas de información y
que se transforman, más bien, en hábitos nocivos. Ya se sabe
que la privación alimenticia provoca varias consecuencias
fisiológicas y psicológicas como los pensamientos obsesivos
acerca de la comida y los "atracones", los cuales, a
su vez, tienden a asociarse a los trastornos alimenticios.
Además, como hemos dicho, anteriormente, "a cada época,
su artificio" pues cambian las épocas y cambian las
modas. Antes evitábamos el azúcar, ahora evitamos los
alimentos altos en grasa y la carne roja, el vegetarianismo
siendo la última y la más común de nuestras perversiones
alimenticias. Y, ¿ quién de nosotras no se ha visto tentada
por los productos alimenticios reducidos en calorías, los
alimentos con altos contenidos en fibra o los suplementos
vitamínicos ?
Ahora, ¿ qué significa en realidad estar a dieta ? Una
dieta consiste en reemplazar una alimentación internamente
regulada por una alimentación cognitivamente determinada.
Cuando decidimos restringir nuestra alimentación, debemos
ignorar nuestras señales internas de hambre, o de saciedad,
con tal de adherir al plan que hemos escogido, el cual se
supone nos llevará a la pérdida de peso. El perder contacto
con todo lo que significa el hambre y la saciedad nos
predispone, por supuesto, a perpetrar todo tipo de abusos
contra nuestros cuerpos pues en lugar de confiar en nuestras
propias señales internas, aprendemos a depender de un sinfín
de señales externas. Además, la restricción alimenticia, de
por sí, tiene consecuencias que no podemos obviar. Por
ejemplo, se sabe que quienes están a dieta, y rompen la misma
consumiendo alimentos altos en calorías, no compensan
minimizando su subsecuente ingesta, sino que, todo lo
contrario, tienden a desinhibirse, comiendo muchos otros
alimentos altos en calorías. Se sabe, también, que el 95% de
quienes empiezan una dieta, pesan lo mismo después de un año.
No nos es muy difícil deducir que quienes se mantienen a
dieta no suelen alcanzar el éxito deseado para bajar de peso;
la única diferencia radica en que el peso de esas personas
tiende a fluctuar más de los que no hacen dietas.
Así que no nos olvidemos que la dieta representa, para
nosotras, un factor de riesgo ante los trastornos alimenticios,
ese factor siendo más poderoso cuando poseemos una baja auto
estima y un bajo auto concepto pues, entonces, tendemos a
confiar en la dieta no sólo como un medio para mejorar
nuestra apariencia sino también como un medio para adquirir
un cierto sentido de control sobre nuestras vidas. Mucho más
podríamos hablar acerca de los efectos perniciosos de las
dietas pero igual de difícil seguiría siendo tratar de
desprestigiarlas pues las dietas han adquirido tal importancia
que hasta tienden a representar un acto en la afirmación de
la identidad adolescente femenina, un cierto rito de pasaje,
algo así como el uso de los cosméticos.
¿ Si estuviéramos cada una de nosotras solas en una bella
isla perdida, seguiríamos siendo lo que pesamos ? Buena
pregunta, me dirán, pero, si, apostemos a que empezaríamos a
ser algo diferente a lo que pesamos. El peso no sólo es una
cuestión cultural, también es una cuestión social. Quienes
nos rodean nos trasmiten constantemente todo tipo de mensajes
y, por supuesto, muchos de ellos tienen que ver con nuestro
peso. Nos resulta interesante saber que ciertos estudios han
demostrado que el grado de sobrepeso de una persona
determinada no está directamente relacionado con la
insatisfacción que experimenta esa persona respecto a su
auto-imagen sino que su efecto es mediado a través de las
críticas de los demás. ¿ Esa persona será, entonces,
realmente lo que pesa ?
Finalmente, ¿ qué lugar ocupa nuestro peso dentro del
contexto de las relaciones románticas para nosotras, las
mujeres, siempre tan dedicadas a la intimidad ? No nos
sorprende aprender que muchas veces es un conflicto entre una
pareja el cual provoca un trastorno alimenticio en la mujer.
Tal vez nos resulta difícil de creer pero las mujeres
jóvenes que empiezan a salir con el sexo opuesto asocian, sin
quererlo, la calidad de su relación con la calidad de su
auto-imagen pues se sienten menos satisfechas con su relación
cuando se sienten, ellas mismas, insatisfechas con su propia
imagen. A su vez, los hombres asocian la calidad de su
relación con la satisfacción que les produce no su propia
imagen sino la imagen de su pareja. Claro, eso seguramente nos
resulta más fácil de creer pues, intuitivamente, siempre
hemos sabido que los hombres idolatran la belleza física de
sus parejas, mucho más
que nosotras idolatramos la suya.
Entonces, diganme ¿ quién ? pero, ¿ quién de nosotras
nunca se ha preocupado por su peso ? Yo digo que somos lo que
pesamos. Nuestro peso lo llevamos dentro y lo llevamos fuera,
algo así como nuestra belleza, y no lo olvidemos, pues
nuestra belleza la llevamos dentro y la llevamos fuera. ¿
Belleza y delgadez ? Yo digo que de belleza a delgadez, hay un
largo trecho ! No lo olvidemos...