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¿ SOMOS LO QUE PESAMOS ?

Por: Brigitte Aquin y Karin Baaz, psicólogas especializadas en trastornos alimenticios.
e-mail:  aliment@altavista.net

Diganme ¿ quién ?, pero ¿ quién de nosotras nunca se ha preocupado por su peso ? O, diganme ¿ quién ?, pero ¿ quién de nosotras piensa en su salud cuando piensa en su peso ? Claro, podrán decirme que si, pero, un momento, seamos sinceras, nuestros motivos son, primeramente, estéticos.

Nuestro peso nos hace bellas o nos hace feas. Y nuestro peso, por muy nuestro que sea, no deja de ser una cuestión de cultura. ¿ Quién para escapar a su cultura ? Esta es el contexto dentro del cual le hemos asignado significados morales y sociales a nuestro peso, haciendo de la delgadez un símbolo de atracción sexual, control, éxito y competencia. Y ese símbolo ejerce tan harto poder sobre nosotras que a todo lo que no le pertenece le relegamos estatutos como la pereza, la auto-complacencia y la falta de voluntad. Si, aborrecemos el sobrepeso y rechazamos abiertamente la obesidad. ¿ No es ésa uno de nuestros pocos blancos de prejuicios socialmente aceptables ?

Dentro de nuestra cultura, también comemos y nos activamos y, para muchas de nosotras, ese lugar llamado cultura, es el lugar donde nos vemos constantemente bombardeadas por una exagerada cantidad de alimentos ( alimentos que seducen nuestro paladar pero que suelen poseer un alto valor calórico ), facilitando así el aumento de peso y dificultando la pérdida del mismo. Cuando digo, para muchas de nosotras, reconozco que, por supuesto, nuestros roles sociales varían ( y con ello la exposición a esa exagerada cantidad de alimentos ), y no solamente según nuestro estatus socio-económico, sino, también, según nuestra etnia, nuestro estado civil, nuestra posición a lo largo del ciclo de vida y nuestro lugar de residencia.

Ahora, por muy paradójico que resulte, durante las últimas décadas, nuestro peso promedio real ha estado aumentando mientras que nuestro peso promedio ideal ha estado disminuyendo. Los medios de comunicación nos dibujan un cuerpo, pero el espejo nos devuelve otro. Esa discrepancia ha dado lugar a sentimientos generalizados de insatisfacción respecto a nuestro peso. Oscilamos entre dos realidades muy distintas, la cultural y la biológica ( una dueña de nuestro peso ideal, la otra, dueña de nuestro peso real ), sin saber ni donde asentarnos.

Desde siempre, la sociedad ha hecho de la mujer un ser incompleto, teniendo ésta que recurrir a todo tipo de artificios para poder completarse. Si, siempre nos hemos tenido que refinar por medio de esto y de lo otro. Claro, a cada época, su artificio! Ahora, además de la ropa y de los cosméticos, tendemos a gastar nuestro dinero en dietas y ejercicios pues sólo así, tal vez, podemos conformarnos, algún día, con nuestro ideal contemporáneo de belleza : "ser delgada y estar en plena forma".

Nuestra búsqueda de la delgadez se ve motivada por dos creencias fundamentales : creemos que nuestro cuerpo es infinitamente moldeable y, por lo tanto, la dieta adecuada, el ejercicio y el esfuerzo suficiente, nos permitirán alcanzar nuestro ideal estético; y creemos, también, aunque no queramos admitirlo, que una vez ese ideal alcanzado, seremos infinitamente recompensadas pues seremos más atractivas, más felices, más exitosas y más ricas.

Esas creencias, puramente culturales, son las que se están entrechocando con ciertos aspectos de nuestros cuerpos, por supuesto, puramente biológicos. Pero la pregunta crucial, fruto de ese conflicto, es ¿ cuánto control podemos realmente ejercer sobre nuestros cuerpos ? No cabe duda alguna que el peso que perseguimos, el peso culturalmente ideal, es demasiado bajo para la mayoría de nosotras debido a factores biológicos y genéticos. Y, por lo tanto, resulta no solamente difícil sino imposible luchar contra esos factores biológicos y genéticos, los cuales, muchas ya nos hemos dado cuenta, limitan significativamente nuestras habilidades para cambiar de peso.

Muchas otras de nosotras, o no lo saben, o no se han dado cuenta, o simplemente no quieren creerlo y ahí radica el problema.

Cuando niñas no solemos preocuparnos por nuestro peso pero el deseo de ser delgada se torna, rápidamente, para muchas, en una preocupación, y, para muchas otras, en una obsesión. Esa preocupación con la pérdida de peso la padecen de forma general las mujeres entre los 15 y los 25 años de edad; esas mujeres siendo las más afectadas por los trastornos alimenticios. ¿ En qué consiste un trastorno alimenticio ? Un trastorno alimenticio tiene que ver con ciertas perturbaciones de la auto-imagen y con una gran variedad de esfuerzos, todos excesivos, orientados hacia la pérdida de peso o hacia el mantenimiento de un peso bajo.

¿ Porqué nosotras las mujeres ? Una de las respuestas a esa pregunta gira, seguramente, en torno a ese asunto incompleto llamado nuestro cuerpo. Si, nosotras las mujeres, tendemos a percibir nuestros cuerpos como estéticos y decorativos mientras que, ellos los hombres, perciben los suyos como funcionales y activos. Si, tengámoslo claro, el sólo pertenecer al género femenino constituye un factor de riesgo ante los trastornos alimenticios y no exactamente porque belleza y feminidad sean íntimamente entrelazados sino, también, porque belleza y delgadez ahora lo son. Y cuanta industria no se aprovecha de ello, capitalizando sobre nuestra apariencia y contribuyendo, más y más, a inflar su importancia.

Ya de por sí vulnerables a los trastornos alimenticios, añadimos a nuestra vulnerabilidad, sucumbiendo a una gran variedad de dietas, cada cual seduciéndonos por su supuesta infalibilidad. Claro, nos toca reconocer que muchas de nuestras dietas provienen de fuentes dudosas de información y que se transforman, más bien, en hábitos nocivos. Ya se sabe que la privación alimenticia provoca varias consecuencias fisiológicas y psicológicas como los pensamientos obsesivos acerca de la comida y los "atracones", los cuales, a su vez, tienden a asociarse a los trastornos alimenticios. Además, como hemos dicho, anteriormente, "a cada época, su artificio" pues cambian las épocas y cambian las modas. Antes evitábamos el azúcar, ahora evitamos los alimentos altos en grasa y la carne roja, el vegetarianismo siendo la última y la más común de nuestras perversiones alimenticias. Y, ¿ quién de nosotras no se ha visto tentada por los productos alimenticios reducidos en calorías, los alimentos con altos contenidos en fibra o los suplementos vitamínicos ?

Ahora, ¿ qué significa en realidad estar a dieta ? Una dieta consiste en reemplazar una alimentación internamente regulada por una alimentación cognitivamente determinada. Cuando decidimos restringir nuestra alimentación, debemos ignorar nuestras señales internas de hambre, o de saciedad, con tal de adherir al plan que hemos escogido, el cual se supone nos llevará a la pérdida de peso. El perder contacto con todo lo que significa el hambre y la saciedad nos predispone, por supuesto, a perpetrar todo tipo de abusos contra nuestros cuerpos pues en lugar de confiar en nuestras propias señales internas, aprendemos a depender de un sinfín de señales externas. Además, la restricción alimenticia, de por sí, tiene consecuencias que no podemos obviar. Por ejemplo, se sabe que quienes están a dieta, y rompen la misma consumiendo alimentos altos en calorías, no compensan minimizando su subsecuente ingesta, sino que, todo lo contrario, tienden a desinhibirse, comiendo muchos otros alimentos altos en calorías. Se sabe, también, que el 95% de quienes empiezan una dieta, pesan lo mismo después de un año. No nos es muy difícil deducir que quienes se mantienen a dieta no suelen alcanzar el éxito deseado para bajar de peso; la única diferencia radica en que el peso de esas personas tiende a fluctuar más de los que no hacen dietas.

Así que no nos olvidemos que la dieta representa, para nosotras, un factor de riesgo ante los trastornos alimenticios, ese factor siendo más poderoso cuando poseemos una baja auto estima y un bajo auto concepto pues, entonces, tendemos a confiar en la dieta no sólo como un medio para mejorar nuestra apariencia sino también como un medio para adquirir un cierto sentido de control sobre nuestras vidas. Mucho más podríamos hablar acerca de los efectos perniciosos de las dietas pero igual de difícil seguiría siendo tratar de desprestigiarlas pues las dietas han adquirido tal importancia que hasta tienden a representar un acto en la afirmación de la identidad adolescente femenina, un cierto rito de pasaje, algo así como el uso de los cosméticos.

¿ Si estuviéramos cada una de nosotras solas en una bella isla perdida, seguiríamos siendo lo que pesamos ? Buena pregunta, me dirán, pero, si, apostemos a que empezaríamos a ser algo diferente a lo que pesamos. El peso no sólo es una cuestión cultural, también es una cuestión social. Quienes nos rodean nos trasmiten constantemente todo tipo de mensajes y, por supuesto, muchos de ellos tienen que ver con nuestro peso. Nos resulta interesante saber que ciertos estudios han demostrado que el grado de sobrepeso de una persona determinada no está directamente relacionado con la insatisfacción que experimenta esa persona respecto a su auto-imagen sino que su efecto es mediado a través de las críticas de los demás. ¿ Esa persona será, entonces, realmente lo que pesa ?

Finalmente, ¿ qué lugar ocupa nuestro peso dentro del contexto de las relaciones románticas para nosotras, las mujeres, siempre tan dedicadas a la intimidad ? No nos sorprende aprender que muchas veces es un conflicto entre una pareja el cual provoca un trastorno alimenticio en la mujer. Tal vez nos resulta difícil de creer pero las mujeres jóvenes que empiezan a salir con el sexo opuesto asocian, sin quererlo, la calidad de su relación con la calidad de su auto-imagen pues se sienten menos satisfechas con su relación cuando se sienten, ellas mismas, insatisfechas con su propia imagen. A su vez, los hombres asocian la calidad de su relación con la satisfacción que les produce no su propia imagen sino la imagen de su pareja. Claro, eso seguramente nos resulta más fácil de creer pues, intuitivamente, siempre hemos sabido que los hombres idolatran la belleza física de sus parejas, mucho más

que nosotras idolatramos la suya.

Entonces, diganme ¿ quién ? pero, ¿ quién de nosotras nunca se ha preocupado por su peso ? Yo digo que somos lo que pesamos. Nuestro peso lo llevamos dentro y lo llevamos fuera, algo así como nuestra belleza, y no lo olvidemos, pues nuestra belleza la llevamos dentro y la llevamos fuera. ¿ Belleza y delgadez ? Yo digo que de belleza a delgadez, hay un largo trecho ! No lo olvidemos...

 

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