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Pareja:
¿ Relación de dos o voluntad de uno?


Entrevista a la Licenciada Mariana Diamand de Habie

Breves Datos Curriculares
· Graduada en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires
 * Suma Cum Laude
· Post-grado en el Centro Médico Psicológico Buenos Aires
· Docente en la Cátedra de Técnicas Proyectivas de la Universidad de 
  Buenos Aires 
· Práctica de residente en el Hospital Cosme Argerich con rotación por 
  múltiples especialidades
· Jefa de residentes del Hospital Tornú
En Guatemala
· Docente en la Universidad " Francisco Marroquín "
· Miembro del Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Guatemala
· Docente en el Doctorado de Filosofía de la Universidad "Rafael Landivar"

De vez en cuando nos encontramos con algo que escuchamos o vemos y esto nos despierta y nos hace 'encontrarnos' con una realidad que siempre estuvo allí y nunca habíamos notado.  De esta manera se abren una infinidad de puertas, que no son más que posibilidades para mejorar.  La Licenciada Diamand de Habie hace un gran esfuerzo por ayudar a abrir estas puertas por medio de presentarnos la realidad Centroamericana que caracteriza a una gran mayoría de parejas.  

Persona:  
¿Cómo se le ocurrió a usted este tema?

Licenciada Diamand de Habie: 
Este es un tema que lo vengo pensando y repensando desde que vine a vivir a Guatemala .
Cuando ustedes me propusieron hablar de algo que tuviera que ver con la cotidianeidad de Centroamérica, me pareció que esto podía ser pertinente.
En realidad, es algo que he observado aquí en este país y sospecho que puede hacerse extensible a otros países de Centroamérica. Si bien no compromete a un 100% de la población, afecta a una proporción tan significativa que por ello considero que es un tema del cual merece hablarse.

Persona: 
¿Cómo de un tipo mayoritario?

Licenciada Diamand de Habie: 
Así es, un alto porcentaje, muy llamativo en cierto modo, alarmante.
Quiero aclarar que no es algo exclusivo de Guatemala, ni de Centroamérica, pero aquí, como dijimos, se expresa en proporciones tan significativas que nos remite a un factor cultural que establece estos lugares prototípicos tanto en mujeres como en hombres.

Persona: 
Antes de continuar, ¿podríamos definir de una forma más específica cuál es el problema? 

Licenciada Diamand de Habie: 
El problema es cómo entiende cada quien sus lugares respectivos de mujer y de hombre en el establecimiento de la pareja.
Ahora bien, esto podría interpretarse sólo como el resultado de un estilo cultural particular. Así como en algunos países de norte de Europa, los hombres sacan a pasear a los niños en carruaje mientras sus mujeres salen a trabajar. Pero quiero apuntar a un "más allá" de un modismo cultural. Lo que hace cuestionamiento es que esta cristalización particular de ambos lugares en la pareja genera síntomas. En la mujer pueden aparecer, por ejemplo, jaquecas, gastritis, depresión, inhibiciones severas, toda una serie de cuestiones que nos llevan a pensar que algo no está bien, que hay algo digno de ser hablado.
Desde que este determinado estilo cultural genera síntomas o inhibiciones, es señal de que algo que no está dicho deber ser explicitado.

Persona: 
¿ Podríamos iniciar con una descripción del fenómeno?

Licenciada Diamand de Habie: 
Puede describirse como una postergación, sofocación, sumisión, desconocimiento del deseo femenino en función del deseo masculino. Hay un solo deseo en juego: el del hombre.

Persona:  
¿A qué clase social nos estamos refiriendo?

Licenciada Diamand de Habie:  
Abarca desde la clase socioeconómica más privilegiada a la de menores recursos. Esto es lo más sorprendente.
Hay un consenso social que rompe todas las barreras sociales, basado en los modelos anteriores de padres y abuelos.
Pero ampliemos un poco más la descripción del fenómeno. Hicimos referencia a mujeres que postergan, sofocan o desconocen su deseo en referencia a cumplir con una demanda masculina. De esta manera, ellas mismas abandonan su propio territorio de expectativas.
El desconocimiento de lo propio se funda generalmente en el miedo. Este miedo - no del todo articulado o explicitado - consiste en que "algo puede pasar" si ellas ponen sobre la mesa lo que sienten y piensan, si confrontan a su pareja en un desacuerdo.
Este miedo las empuja a realizar un esfuerzo permanente de articulación forzada para justificar las extralimitaciones de su marido. En forma simultánea, aprenden a silenciar y hasta desconocer las emociones que les suscita esta situación. Estas emociones son las que luego pueden manifestarse a través de síntomas.

Persona:  
¿Es una racionalización de la opresión?

Licenciada Diamand de Habie: 
Absolutamente. Hay frases propuestas socialmente, transmitidas de madres a hijas, para racionalizar la sumisión. Se propone que las hijas "aguanten" porque si no el marido las va a dejar. Para cumplir con esto se fomenta la idea de que la mujer tiene la sabiduría para perdonar o bien la inteligencia para "saber callar" ante los exabruptos de su marido. Siempre se justifica cualquier irracionalidad argumentando que tienen que ver con "presiones y tensiones del trabajo".
Ahora bien, la convicción de aguantar - porque si no sobreviene el abandono - lleva implícitas dos cuestiones: 1) que la institución matrimonial es algo para ser soportado por la mujer. 2) que si a una mujer la dejan , ella pierde valor. Dicho de otro modo, una mujer vale en la medida en que tiene a un hombre a su lado.
Lo que resulta paradojal es que justamente es el exceso del aguantar lo que puede promover la ruptura matrimonial. Si bien hay parejas que pueden funcionar así toda la vida, el poder desmedido por un lado y la victimización y tolerancia sin límite por otro, resultan sumamente desorganizantes y pueden conducir a una separación .

Persona: 
Sería bueno resaltar cómo empezó todo esto a través de las generaciones.

Licenciada Diamand de Habie:  
Es tan antiguo que se perdió el origen, pero definitivamente, responde a modelos anteriores familiares, sostenidos por un consenso cultural.
Del lado femenino, podemos reconstruir la historia. La niña vive en un hogar donde observa a su madre sumisa y dependiente de su marido, o sea, su padre. Percibe en la mamá, un miedo, sin argumento claro, a la figura masculina. Este miedo se contagia a toda la familia. Las escenas donde la mamá, nerviosamente, solicita el silencio y el buen comportamiento ante la llegada del padre a la casa, son algo cotidiano. El padre tensiona, da miedo - pero nadie tiene muy claro el porqué.
De pequeña puede haber visto a su madre sufriendo, llorando, deprimida por algo que le hizo su marido, pero no ha visto a una mamá que se haya hecho cargo de lo que quería, que lo haya puesto en palabras y haya actuado en consecuencia. Pues su valoración como persona siempre estaría puesta en un "hacer para el otro", no en su ser. Su fórmula sería: valgo en la medida en que cumplo exactamente con lo que el otro me pide.
Las hijas predilectas de la madre son las que sostienen este modelo de abnegación, miedo y sufrimiento. Las que no obedecen al modelo, son las hijas rebeldes que "se parecen al papá" son las que, pudiendo o no confrontar a su madre en su sumisión, no se entienden del todo bien con su progenitora.
Las hijas buenas, fomentadas por lo consejos de mamá, repiten ciegamente el modelo de abnegación en su propio matrimonio. Creen fervientemente que todo posible desacuerdo o discusión debe ser evitado desentendiéndose del asunto, callando, dejándolo pasar. De lo que no se percatan es que muchas veces la situación temida no se evita, se posterga. Además, los sentimientos no se disuelven sino que crean una tensión interna. Por último, todo esto puede debilitar la estructura de la pareja.
Por el lado masculino, el niño vive en un hogar donde su padre, casado con una mujer obediente, tiene un poder desmedido.
Ve a su madre sufrir, llorar y quejarse a escondidas. Envuelta en este terror que la paraliza, en este sufrimiento que la hace replegarse sobre sí misma, poco espacio afectivo le queda para hacerse cargo adecuadamente de sus hijos. Invita al hijo, en fantasía o en realidad, a subvertir la situación : es el niño quien se encarga de contener a la madre en su desdicha.
Queda algo entonces, inscripto, impreso de por vida en el mundo emocional de este niño. Lo primero es una sensación de abrumamiento ante el sufrimiento insaciable de esta madre. Lo segundo, es un odio desconocido, silencioso, por el sentimiento de desamparo que esta madre le genera.
Se exacerba aun más en los casos en que la madre, ya en un estado de desesperación, para poder separarse, se ve obligada a abandonar a toda la familia. Esto genera aún más desamparo que potencia el odio por el abandono.
Cuando se hace hombre se identifica con su padre y se elige una mujer abnegada como su madre. Pero subsisten internamente en él las dos cuestiones mencionadas con anterioridad. Por lo que odiará cualquier expresión de victimización por parte de su mujer - pues las mujeres víctimas son sinónimo de desamparo y abandono - además de que sostendrá una intolerancia a todo lo relativo a la expresión de los sentimientos de su cónyuge, pues estos le remitirán a este efecto abrumador del desconsuelo materno.
Este temor inconsciente a la figura femenina se traduce en una práctica, que no es más que defensiva, que resulta en la necesidad de un control exacerbado en lo que concierne a horarios, lugares y actividades de la esposa. Esto puede llegar, inclusive, a la prohibición de las visitas a su propia familia.
Este odio de antaño, latente, ahora desplazado en la mujer, hace su aparición y descarga en episodios de mayor o menor violencia. Con o sin alcohol de por medio, la violencia puede ser física y/o verbal. No hay que desestimar esta última, porque sus efectos resultan devastadores.
Son ataques que adquieren distintos argumentos, que generan una confusión muy culpabilizante para la mujer. Pueden apuntar a algo de su pasado que a ella misma la incomoda, criticar su desempeño actual como madre (en realidad está criticando a su propia madre), armar un escándalo en torno a algún episodio relacionado con la comida (que remite a una carencia muy primitiva) o bien elevar a la categoría de hecho catastrófico cualquier asunto que podría ser sólo anecdótico, pero que se usa como argumento para descargar la ira. 
Hay un axioma que cimienta la relación: cualquier desajuste o ataque de ira es por culpa de algo que ella hizo.
Lo que transforma todo esto en un circuito infernal es que la mujer tiene la convicción de que, a mayor silencio y abnegación, a mayor reconocimiento de culpas ficticias, la relación va a mejorar. El circuito se establece porque cuando más cede la mujer, más se transforma en víctima y más fomenta el odio y la ira en el hombre.
Por más de que en ocasiones, invadido de culpa luego de la descarga, el marido prometa jamás repetir escena semejante, lo que se establece es una escalada creciente de ocupación territorial y de violencia.

Persona:  
Y pronto no habrá más territorio que tomar y se deshace de ella.

Licenciada Diamand de Habie:  
Puede ser. Porque cuando no existe otra subjetividad que acompañe en la relación de pareja, puede aparecer cierto nivel de aburrimiento.
Cuando no hay una contrapartida en una relación, un interlocutor válido, puede generarse un impulso a buscar algo diferente afuera, otra mujer.
Esta, por supuesto, no es la única causa de la infidelidad . Hay un factor muy potente que es la identificación con el progenitor del mismo sexo: papás que se pasean con mujeres propician este patrón en sus hijos.
Pero hay otra cuestión que interviene, que es lo que desde Freud, se denomina " la disociación de la vida erótica". La mujer puede adquirir sólo los atributos de esposa y madre, despojándosele de todo el ingrediente sexual, ubicando éste último fuera del matrimonio, en "la otra".

Persona: 
¿Ubicada fuera incluso por la propia esposa?

Licenciada Diamand de Habie: 
Muchas veces sí. Esto puede responder a que a ella misma le cuesta hacerse cargo de su propia sexualidad, que significaría conjugar este ingrediente con su rol de ama de casa y madre.
Otras veces sostiene esta situación por temor a que, si confronta los hechos, su marido la terminará abandonando.
Lo interesante es que muchas veces, cuando "la otra" toma el lugar de la esposa, se repite este esquema, siendo ella quien soporta ahora infidelidad de su pareja.

Persona:  
Suponiendo que hubiera un matrimonio que funcionara con este tipo de relación - poder masculino y sumisión femenina - Pero la mujer no estuviera concientizada de esto y no generara síntomas, seguiría siendo un problema esta posición de la mujer? 

Licenciada Diamand de Habie:  
Hay una aclaración teórica que quiero hacer en relación a la formulación de la pregunta. La no concientización de una situación es justamente lo que genera los síntomas. Pero tomemos hipotéticamente, esta posibilidad donde no hay concientización, pero tampoco hay señales sintomáticas.
La primera respuesta sería: si no hay alguna manifestación perturbadora, no hay problema. Pero si profundizamos un poco más, es sumamente difícil pensar una situación basada en la sofocación de un deseo sin que eso desencadene una consecuencia sintomática.
Lo que muchas veces sucede es que está consecuencia no se vislumbra como síntoma. Por ejemplo, las migrañas. Hay muchas mujeres que padecen de este mal que han visitado médicos y neurólogos sin encontrar una respuesta al origen de su padecimiento. Quizás la pregunta se ha formulado en el lugar equivocado.
El deseo, por ley, no puede ser neutralizado. Tiene una fuerza de empuje intrínseca . O se manifiesta de forma directa o adquiere disfraces sintomáticos.

Persona:  
¿Podría citar cuales podrían ser los síntomas posibles?

Licenciada Diamand de Habie: 
Es un repertorio que abarca desde señales psicosomáticas hasta síntomas, inhibiciones y sentimientos cotidianos.
Puede manifestarse en jaquecas, gastritis, disfunciones orgánicas severas, tristeza, depresión, sensación de temor para realizar ciertas cosas, inseguridad, tensión, etc. 

Persona:  
En este modelo de pareja, tiene mucho que ver el factor económico, ya que en muchas ocasiones el hombre es el sostén económico de los padres de la mujer.

Licenciada Diamand de Habie:  
Se usa lo económico para potenciar el poder masculino. Se transforma en un instrumento al servicio del control de la mujer. Inclusive, muchas veces, el marido no autoriza a su mujer a trabajar con lo cual se retroalimenta la situación porque ella se ve obligada a "soportar" porque no tiene la opción virtual de separarse, por falta de sustento propio.

Persona: 
¿ Qué cambios se esperan cuando el patrón de opresión - abnegación se rompe?

Licenciada Diamand de Habie:  
Si bien la posibilidad de una separación existe, en los casos por mi observados lo que ocurre es lo inverso: un efecto de reorganización y saneamiento de la relación.
Una mujer que presenta una postura consistente y decidida, a corto o largo plazo, genera respeto. Y produce un efecto de equilibrio emocional en su pareja.

Persona:  
¿Este consenso de desbalance de poder es inconciente o existen pactos verbales acerca de él?

Licenciada Diamand de Habie: 
Es básicamente inconsciente y esto genera cierto nivel de verbalización en los diálogos cotidianos.

Persona:  
¿ Qué puede hacer una mujer que se encuentra en esta situación?

Licenciada Diamand de Habie:  
Primero y ante todo, darse cuenta , tomar conciencia de que se está en esta situación. Segundo, querer hacer algo al respecto. Ambas cosas implican coraje: Tiene que haber valentía tanto para animarse a reevaluar la propia vida, como para tomar las riendas del propio deseo. Hacerse cargo del deseo de uno requiere agallas. Un segundo momento apuntaría a un trabajo interno gradual de elaboración y reelaboración de delicadas cuestiones personales.

Persona:  
¿Cuál sería, entonces, un nivel de consenso recomendable, según su opinión? 

Licenciada Diamand de Habie:  
El consenso más recomendable, en cualquier lugar del mundo, implicaría un respeto por las dos subjetividades, tanto la masculina como la femenina. Cada pareja se funda en acuerdos implícitos específicos que tienen efecto sobre su cotidianeidad. La cuestión nuclear es que cualquier arreglo lleve como fundamento la posibilidad de la coexistencia de dos lugares, no uno, en cuanto a sus sentimientos, deseos, ganas y emociones.
En síntesis, el consenso recomendable sería uno que sostuviera el respeto por las dos subjetividades, pues son dos personas las que forman una relación.

Para finalizar, me gustaría hacer referencia a una historia muy breve que escuché alguna vez.
Una niñita se encontraba a orillas del mar en la tarea de arrojar nuevamente al agua las estrellas que habían sido arrastradas hacia la costa. Viendo el intento desesperado de la niña de preservarles la vida a estos seres, un señor se le acercó y le dijo: " No te das cuenta que son demasiadas? No vas a poder con todas." Y la niña, tomando una en su mano, miró al señor y le respondió: "Para ésta, si hace diferencia" y la arrojó al mar.
Tan sólo una persona que se sienta identificada con este mensaje le dará valor a toda la entrevista . 

Gracias.

 

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